Enseñar Lengua y Literatura en el Siglo XXI,
implica la concientización acerca del mundo y el tiempo en el que vivimos. El
tiempo de la “cibercultura”: tiempo de trasformación social, cultural y mental
(Echeverría). ¿Somos conscientes de la existencia de esta transformación? ¿La
reconocemos? ¿Nos consideramos parte de ella?
Las nuevas tecnologías y el avance del mundo
digital generan transformaciones muy profundas, y que definitivamente
repercuten en la escuela, en el ámbito educativo. Esto genera una especie de
disputa. Disputa en cuanto a la incorporación de estas nuevas tecnologías en la
enseñanza. ¿Cómo enseñaríamos LENGUA Y LITERATURA? ¿Lo haríamos mediante el uso
de las TICS, redes sociales y los saberes específicos que corresponden a
nuestro espacio curricular? ¿Resulta esto, una tarea difícil? Pensemos en
cuales serían los beneficios de sentirnos parte de este nuevo mundo, y en los
de enseñar considerado e incluyendo a estos cambios…
Pensemos mejor aún, a la enseñanza como un
posible e inevitable espacio de intercambio. Intercambio no solo de
conocimientos. Sino también de valores, de intereses, de modos y formas, de ideas, de gestos…
Palabras
van, palabras vienen. Gestos van,
gestos vienen. Ideas van, ideas vienen. Informaciones van, informaciones vienen.
Lecturas van, lecturas vienen. Escritos van, escritos vienen. Como así también la
trasmisión de “esa enseñanza”, cargada de todos estos ingredientes, que se da
de forma directa al adolescente, o porque no también a través de las redes. Y
esa sensación gratificante que vuelve, vuelve al docente. A través de
expresiones, de gestos, de la participación de ese adolescente y de sus posibles
respuestas. Esas sensaciones gratificantes que bien sabemos, no incluyen la
garantía de que el alumno este aprendiendo, pero si la tranquilidad de pensar
que estamos dando hasta un poco más de lo que podemos. Para reflexionar… ¡Podemos
hacerlo! No resulta demasiado difícil. Si no lo intentamos como docentes, no
sabremos si se puede.
No olvidemos en este Siglo XXI, que todo lo
que va, vuelve. Lo que damos, vuelve de un modo u otro. Y que el tiempo que alguna vez fue, no vuelve.
Nuestro tiempo es hoy, un mundo nuevo acontece, un mundo renovado, transformado,
telemático, enriquecido cultural y
tecnológicamente. Un nuevo mundo para ser un “nuevo docente”.
¡Hola Luci! ¡Hago mi pequeño aporte a tu escritura! Me parecen muy interesantes, profundas y necesarias las preguntas que planteas, dejando un espacio abierto y cómodo para la reflexión. Observo los aportes teóricos de Echeverría sosteniendo tus opiniones, lo que hace ver que te apropiaste de la lectura y la convertiste en un insumo de tu escritura. El título “palabras van, palabras vienen” es muy acertado para nuestra carrera en particular y para la formación docente en general: un ida que tratamos que sea comprensible, adecuado, completo, y una vuelta que a veces se retrasa, que a veces no vemos, pero que de alguna manera u otra “vuelve”.
ResponderEliminarEstoy totalmente de acuerdo con que la enseñanza de la Lengua y la Literatura, como de cualquier otra materia, implican una concientización de este tercer entorno, un cambio en la mentalidad. Te preguntás: “¿Somos conscientes de la existencia de esta transformación? ¿La reconocemos? ¿Nos consideramos parte de ella?” Quizás somos conscientes, pero no sabemos qué hacer frente a ella: asimilarla, negarla, permitirla, ignorarla. Indudablemente hay personas que quedan excluidas de esas transformaciones, y acá entra la figura del docente que acerca al alumno a aquello con lo que no está familiarizado, aquello que “le queda lejos”, que desconoce. Creo que uno de los objetivos principales para la docencia debería ser el de intentar que ninguno de nuestros alumnos quede excluido de la posibilidad de ser un “ciudadano virtual”.
Escribís: “Pensemos en cuales serían los beneficios de sentirnos parte de este nuevo mundo, y en los de enseñar considerado e incluyendo a estos cambios…” ¡Vale aclarar que también los aspectos negativos y las desventajas hay que tener en cuenta! Lo importante es que estas cuestiones no nos nublen la vista (y el pensamiento) lo suficiente como para no ver los beneficios.
Sugiero incorporar cómo repercuten en la enseñanza las transformaciones que posibilitan las “nuevas tecnologías y el avance del mundo digital”, cuáles son para vos estas transformaciones, ventajas y desventajas, qué idas y venidas posibilita este tercer entorno, ya que son cuestiones que dejas abiertas, y de las que sería significativo conocer tu posicionamiento.
Por último: ¡Hermosas y brillantes palabras las del último párrafo!: “No olvidemos en este Siglo XXI, que todo lo que va, vuelve. Lo que damos, vuelve de un modo u otro. Y que el tiempo que alguna vez fue, no vuelve. Nuestro tiempo es hoy, un mundo nuevo acontece, un mundo renovado, transformado, telemático, enriquecido cultural y tecnológicamente. Un nuevo mundo para ser un ‘nuevo docente’” Qué acertada es esta reflexión cuando vemos constantemente personas que añoran un pasado que no puede volver, unos sujetos que ya no son los mismos y una educación tradicional que lejos está de ser la mejor. Hay que entender que son nuevos tiempos, y que nosotros mismos debemos renovarnos. Un profesor decía algo así como: “lo preocupante no son los viejos maestros, sino los nuevos maestros con viejas ideas”. Obviamente, no todo está mal, no todo hay que cambiar, pero sin duda hay que pensar y re-pensar nuestro lugar, el de los alumnos y el de la enseñanza en este nuevo contexto.
Ara! Gracias por tu minucioso comentario. Muchas gracias por tomarte el tiempo y por hacer hincapié en cada detalle de mi escritura. Me resulta muy productivo tu punto de vista, tu análisis. Pienso que todas necesitamos de esa mirada del "otro" y de esas "opiniones de ese otro". De este modo, cada producción personal se enriquece más =). Un gusto nuevamente. Gracias!! Araa Rossi
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar¡Buenas! sumamente interesantes los diálogos que se establecen entre ustedes. Araceli trabaja con detalle tu escrito y aporta nuevas preguntas que seguramente abrirán nuevas reflexiones.
ResponderEliminarTu escrito tiene un inicio claro y potente.
Considero muy oportunas las preguntas que te hacés en relación a cómo atraviesan las prácticas docentes actuales este tercer entorno.
Seria interesante sumar aportes desde la re- lectura de la bibliografía trabajada en estos años para abordar cómo pensás vos asumir ese rol. Aquí dos cuestiones, en primer lugar, qué cuestiones interpelan tu futuro rol y segundo, desde que caminos pensás posible construir un vínculo pedagógico con ese sujeto alumno.
Por otra parte, en relación a tu planteo: "Esas sensaciones gratificantes que bien sabemos, no incluyen la garantía de que el alumno este aprendiendo, pero si la tranquilidad de pensar que estamos dando hasta un poco más de lo que podemos. Para reflexionar… ¡Podemos hacerlo! No resulta demasiado difícil. Si no lo intentamos como docentes, no sabremos si se puede".
Creo que se puede debatir la idea de la tranquilidad de dar todo, la enseñanza planteada desde las buenas intenciones muchas veces cae en desaciertos. Me parece que un lugar importante como profesionales de la educación es el compromiso con la revisión de nuestras prácticas, con la pregunta deconstruya e indague lo que impide el lugar del aprendizaje. Sino corremos el riesgo de plantear: "yo lo doy todo pero ellos no aprenden".